Durante años, las organizaciones han construido sus estrategias de ciberseguridad pensando en una premisa bastante clara: el atacante está afuera y busca una forma de entrar. Phishing, malware, vulnerabilidades, ransomware, robo de credenciales y ataques contra la infraestructura forman parte de una batalla constante para impedir que una amenaza externa consiga acceso a los sistemas corporativos.
Pero ¿qué sucede cuando el atacante no necesita vulnerar una puerta porque la propia organización se la abre?
El fenómeno conocido como “fake worker” o trabajador falso está cambiando la manera en que las empresas deben entender las amenazas internas. En lugar de comprometer primero un sistema para después buscar privilegios, determinados grupos de atacantes están intentando convertirse en empleados legítimos de las organizaciones que quieren atacar. El objetivo no es únicamente obtener una contraseña: es conseguir una identidad, un puesto de trabajo y, con ellos, acceso legítimo a los recursos empresariales.
El ataque puede comenzar antes del primer día de trabajo
La estrategia comienza mucho antes de que aparezca una actividad sospechosa dentro de la red. Los atacantes construyen identidades profesionales falsas utilizando información robada, documentación falsificada, perfiles profesionales cuidadosamente preparados e incluso herramientas de inteligencia artificial capaces de ayudarles a generar contenido, fotografías, comunicaciones y respuestas convincentes durante los procesos de selección.
El resultado es especialmente peligroso porque la primera barrera que deben superar no es tecnológica. Es humana.
Un candidato aparentemente legítimo puede atravesar entrevistas, procesos de contratación y verificaciones hasta convertirse en un empleado más. Una vez contratado, la organización puede proporcionarle exactamente lo que necesita para trabajar: una cuenta corporativa, acceso al correo electrónico, aplicaciones empresariales, VPN, repositorios, herramientas de colaboración y diferentes niveles de privilegio.
En ese momento, la amenaza deja de parecer una intrusión, y el atacante forma parte de la empresa.
De una identidad falsa a un acceso real
Esta es precisamente la característica que hace tan difícil detectar este tipo de operación. Un trabajador falso no necesariamente necesita comportarse como un atacante tradicional. Puede iniciar sesión desde una ubicación autorizada, utilizar las herramientas corporativas habituales y comunicarse con otros empleados mediante canales legítimos.
Desde la perspectiva de muchos sistemas de seguridad, esas acciones pueden parecer normales.
El verdadero problema aparece cuando esa identidad comienza a utilizar el acceso que le fue concedido para realizar actividades que no corresponden con su función. Puede investigar repositorios, consultar documentación interna, explorar recursos en la nube, acceder a información sensible o buscar oportunidades para ampliar sus privilegios.
Y cuanto mayor sea el acceso concedido al empleado, mayor será también el impacto potencial de una identidad comprometida o directamente fraudulenta.
Por eso, el riesgo no termina con detectar que una persona utilizó una identidad falsa. Para cuando la organización descubre el engaño, el atacante puede haber tenido semanas o meses para conocer su entorno tecnológico, identificar información de valor y establecer mecanismos que le permitan continuar operando.
La inteligencia artificial está haciendo más convincente el engaño
La evolución de la inteligencia artificial añade una nueva dificultad a este escenario. Crear una identidad falsa convincente requiere cada vez menos esfuerzo cuando las herramientas disponibles pueden ayudar a generar fotografías, perfiles profesionales, documentos, mensajes e incluso respuestas adaptadas a diferentes situaciones.
Esto significa que los procesos tradicionales de validación pueden enfrentarse a candidatos que no solamente cuentan con documentación aparentemente legítima, sino que además son capaces de mantener una identidad digital coherente durante todo el proceso de contratación.
La amenaza, por tanto, no consiste simplemente en preguntarse si un perfil es falso. Las empresas necesitan considerar si la persona detrás de una identidad digital realmente corresponde con quien afirma ser y, posteriormente, si sus actividades dentro de la organización coinciden con las responsabilidades que le fueron asignadas.
El verdadero objetivo: la confianza que existe detrás de una cuenta
Aquí es donde el concepto de trabajador falso adquiere una dimensión mucho mayor. El atacante no está intentando únicamente superar una solución de seguridad; está intentando aprovechar la confianza que existe dentro de una organización.
Primero obtiene la confianza del proceso de contratación. Después recibe una identidad corporativa. Esa identidad le permite obtener confianza dentro de los sistemas. Y finalmente esa confianza puede convertirse en acceso a información, aplicaciones, infraestructura y datos de alto valor.
Es una cadena que conecta personas, procesos, identidades y tecnología.
Y cuando una de esas etapas falla, las siguientes pueden convertirse en una consecuencia directa.
La seguridad ya no puede depender únicamente de detectar al intruso
El fenómeno de los trabajadores falsos obliga a las organizaciones a ampliar su concepto de seguridad. No basta con proteger el perímetro, bloquear malware o detectar comportamientos sospechosos después de que un usuario haya iniciado sesión.
La seguridad debe comenzar mucho antes y continuar durante todo el ciclo de vida de una identidad corporativa.
Esto implica fortalecer los procesos de incorporación, verificar adecuadamente las identidades, aplicar el principio de mínimo privilegio y evitar que una cuenta tenga acceso innecesario a información o sistemas que no requiere para realizar su trabajo. También significa supervisar continuamente el comportamiento de las cuentas, porque una identidad legítima puede convertirse en una fuente de riesgo cuando sus acciones dejan de corresponder con su función.
El objetivo no es desconfiar de cada empleado. Es dejar de asumir que una identidad autenticada es automáticamente una identidad confiable.
La nueva frontera de la ciberseguridad
Los trabajadores falsos representan una evolución importante en las técnicas de intrusión porque aprovechan algo que ningún firewall puede bloquear por sí solo: la confianza organizacional.
Una empresa puede tener excelentes controles de seguridad y aun así enfrentarse a un escenario en el que el atacante ya posee credenciales válidas, conoce los procesos internos y tiene autorización para utilizar determinadas herramientas.
Por eso, la pregunta que las organizaciones deben hacerse está cambiando.
Ya no se trata únicamente de “¿cómo evitamos que alguien entre?”, sino también de “¿cómo sabemos que quien tiene acceso realmente debería tenerlo y qué está haciendo con ese acceso?”
La respuesta requiere combinar controles de identidad, acceso, correo, endpoints, aplicaciones y monitoreo continuo. Cada señal puede parecer insignificante por separado, pero al correlacionarse puede revelar un comportamiento que de otro modo pasaría desapercibido.
Porque cuando el atacante consigue un empleo, la amenaza ya no se presenta como una intrusión. Se presenta como una actividad cotidiana.
Y precisamente ahí está el verdadero desafío para la seguridad empresarial.
Conoce más en el siguiente video
En conjunto, estos mecanismos proporcionan al atacante un control en tiempo real sobre el flujo de trabajo de phishing dentro de la sesión del navegador de la víctima, lo que permite un nivel de flexibilidad y evasión que no suele verse en las páginas de phishing estáticas.
Detección y defensa
Esta campaña demuestra cómo el phishing está evolucionando más allá de los sitios web falsos y los dominios sospechosos, y cómo está reduciendo muchos de los indicadores en los que los equipos de seguridad se han basado tradicionalmente para la detección.
Las organizaciones deben centrarse en identificar comportamientos maliciosos y controles de identidad en lugar de simplemente bloquear URL de phishing conocidas. Las principales medidas defensivas incluyen:
- Supervisar los flujos de autorización de OAuth y las cadenas de redireccionamiento para detectar destinos inusuales o inesperados.
- Inspeccionar la actividad del navegador relacionada con URL de tipo blob, especialmente cuando se utilizan para renderizar páginas de inicio de sesión o flujos de trabajo de autenticación.
- Detección de registros sospechosos de trabajadores de servicios asociados con contenido de origen externo.
- Aplicar métodos de autenticación multifactor resistentes al phishing, como las claves de seguridad FIDO2 y las contraseñas.
- Utilizar controles de seguridad de correo electrónico que analicen la ruta completa de clics en lugar de basarse únicamente en la URL inicial.
- Capacitar a los usuarios para que tengan cuidado con las solicitudes inesperadas de firma de documentos, incluso cuando los enlaces parezcan utilizar la infraestructura de confianza de Microsoft.
A medida que los atacantes trasladan cada vez más sus métodos de phishing al propio navegador, los defensores deberán prestar mayor atención a la protección de la identidad , la seguridad del navegador y la detección de comportamientos maliciosos. El desafío ya no reside simplemente en identificar un sitio web malicioso. En campañas como esta, la página de phishing puede no existir en ningún otro lugar que no sea el navegador de la víctima.